martes, febrero 08, 2005

GAMBAS PARA LA PUTOVA

Penultimo día en Estambul. Tras darle el repaso final al Gran Bazar, y como despedida, decidimos ir a la orilla del Bosforo a comer en la zona del mercado de pescado. Llegamos en el taxi, en el que previamente habiamos regateado el precio de la carrera. Junto a la orilla hay un pequeño puerto pesquero, un mercado de pescado y muchos restaurantes. Nada mas llegar salen los "tiqueteros" de los establecimientos a intentar convencernos de que el suyo será el que mas va a satisfacernos por el precio y la calidad del pescado. Tras escuchar a dos de ellos decidimos que da exactamente igual donde vayamos, ya que el pescado es fresquisimo y los precios muy similares. Todos estan vacios pues febrero no es un mes muy turistico. Finalmente entramos en uno y nos sentamos en la mesa junto a la ventana, desde la que hay una preciosa vista del Bosforo. Tras decidir lo que comeremos, para comenzar nos traen los "METZE" o entremeses turcos frios y la ensalada. Antes de que llegue el pescado a la parrilla, el revuelo de todos los camareros nos hace fijar la atención en una preciosa rubia que se sienta sola en la mesa siguiente a la nuestra. Es una chica de unos 25-30 años, rubia y de ojos azules. De ese tipo que tanto gusta a los turcos...y a los que no lo son. Nada mas llegar es atendida por toda una manada de camareros. Habla con ellos...y al hablar se le escapa un "spasiva" que la identifica como rusa. Nosotros seguimos comiendo, y mirando a la rusa...Que tras pedir la comida empieza su sesión de maquillaje. Saca todo un muestrario de botes, lapices de labio y pintauñas del bolso. Y comienza a intentar mejorar su poco mejorable apariencia. La sesión de belleza es interrumpida por una inmensa bandeja de gambas cocidas. Esa es su unica comida. Mientras a nosotros nos llega el pescado, la rusa sigue con sus gambas. Entra un gato en el restaurante -Estambul es la ciudad de los gatos- y se aproxima a la mesa de la rusa. Ella deja caer, con cierta desgana, una cabeza de gamba. A partir de ese momento el felino se conviertió en otro admirador de la que ya por entonces habiamos bautizado como "la putova", haciendo referencia a la su -mas que- presunta profesión. Postre de pringosos pastelillos "BARCLAVA", y cafe turco- si lo mueves no te lo tomas...Y la rusa continuaba comiendo gambas y pintandose-repintandose- las uñas, y los labios... Cuando salimos del Restaurante alli la dejamos con su media bandeja de gambas aun por terminar.